POSICION

La Bestia de Este Tiempo

Hoy quiero regresar al principio de nuestras raíces, porque creo que como humanidad nos hemos olvidado del privilegio y honor que cada uno de nosotros poseemos. Genesis 1:1 afirma lo siguiente, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Cuántas veces hemos leído esta porción Bíblica, más sin embargo creo que muchos de nosotros no lo creemos, o quizás verdaderamente no lo hemos entendido. Genesis 1:1, Colosenses 3:5-17

Este mensaje universal ha sido controversial y el principal objetivo para la maldad por generaciones. La sociedad colectivamente de diversas maneras se ha encargado de opacar la única y verdadera realidad de nuestra existencia. Creando una nube de mentiras, teorías erróneas, y doctrinas falsas que ha sido el principal factor para la división de toda la humanidad. Un plan muy bien desarrollado que ha contribuido a la decadencia de nuestro origen. Y como resultado de esto ahora nos encontramos clasificados por diferentes posiciones sociales, económicas, culturales y doctrinales. ¿Cuándo estudiaba esto me preguntaba, ¿Cómo es que hemos llegado a este punto en nuestras vidas? Santiago 4:10

En ese momento una palabra vino a mi mente, “Soberbia”.  Y el peso de esta palabra cayó en mi cuerpo que me hizo tocar fondo. Por esta razón tomó este medio para que juntos podamos reconciliar nuestro origen y romper los ornamentos de grandeza que como humanidad tomamos como vestidura. Cuando la desobediencia vino en el hombre, desde ese momento empezó a crecer y fundamentarse esta palabra en el hombre. Las escrituras claramente nos enseñan que aun Dios en su infinita misericordia, le pregunta a Adán, ¿Dónde estás tú? “Ayeka! Una oportunidad para una reconciliación, más sin embargo es lo contrario, empieza a eludir de su responsabilidad, justificando su hecho y culpando a alguien más. Genesis 3:8-9, Proverbios 29:23, 2 Timoteo 3:1-5

Un lamento de desilusión, oscuridad, separación descendió en ese momento en Adán, cuando él escucha la voz de Dios, y ya no en su intimidad o comunión si no afuera de su interior. La separación era la evidencia que desde ahora en adelante la humanidad en su arrogancia y validez de independencia se levantaría como una fuerza independiente con el pronombre “Yo”. Tristemente esta es la condición de todos nosotros en este día, y lamentablemente la arrogancia ha llegado a una culminación superior.   Filipenses 2:3-11, 1 Pedro 5:6-11

¿Cómo es que deberíamos reconocer que todos nuestros logros como humanidad ya sean naturales o espirituales no se deben a nuestro esfuerzo? Llega un momento a nuestras vidas en donde el Señor nos recuerda el origen de donde empezamos. La Biblia está llena de ejemplos que hemos heredado para recordar el proceso y resultado de ellos. Uno en particular se encuentra en el libro de Daniel, donde podemos estudiar de la locura del rey Nabucodonosor.  Daniel 4:1-36

¿Y entonces cómo es que en nuestra necedad todavía no hemos entendido el mensaje? El Señor nos manda a desechar todo sentimiento de superioridad. El cual nos ha llevado a un engreimiento fracasado. Que solo nos conducen a una independencia total en base a nuestro propio esfuerzo y alejado de Dios. Este es el momento perfecto para entrar en conciencia y hacer un cambio. El cambio solo va surgir efectivo cuando tú cedes todos tus derechos al Señor, y en ese momento realizas que realmente no somos nada. Y así como Nabucodonosor después de ser despojado de su majestad, vivió entre las bestias del campo por siete tiempos, hasta el tiempo necesario en donde él pudiera regresar a su origen y ser establecido en humildad. Daniel 4:34-36

Este pasaje nos enseña claramente el mismo espíritu de soberbia, arrogancia, vanidad, y grandeza que hoy en estos tiempos también se ha levantado, pero aún, con más potencia. Mas sin embargo la humildad, siendo la actitud superior y atributo más preciado para la humanidad, y aún más debería de ser para el creyente, la menospreciamos.  ¡Mis amados recapacitemos, no es tarde para empezar a realizar este cambio en nuestras vidas! Hagamos conciencia de nuestra posición en Dios, y tomemos la cobertura de humildad, de la igual manera como Jesús lo hizo hasta Su muerte. Isaías 2:11, Filipenses 2:1-11

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